Globalización, pobreza y educación en América Latina

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¿Cuáles son las características más visibles del proceso de globalización? ¿Qué ventajas o desventajas trae este proceso a los países pobres?

Me propongo  compartir por medio de este ensayo, algunas reflexiones acerca de los conceptos de globalización y pobreza en América Latina. He agregado el tema de la educación como elemento asociado a ambas temáticas.

El proceso actual de la globalización y el aumento de la pobreza constituyen un desafío para América Latina y que hasta el momento, los estudiosos de estas temáticas no han sabido responder hacia adónde nos lleva la globalización ni nos han brindado estrategias significativas para erradicar la pobreza en nuestra región.  

Al hablar de estos temas es necesario preguntarse ¿qué entendemos por globalización y cómo se hace posible en beneficio de los individuos que conforman una sociedad?  ¿Cuál es en realidad el significado y alcance de este fenómeno que está afectando la sociedad mundial en la esfera económica y cultural?  Para responder a estas preguntas se debe tomar en cuenta el contexto social, cultural y político de cada país.

El concepto de globalización ya está incorporado en nuestro lenguaje cotidiano y forma parte de los discursos de académicos, economistas y políticos. El término se comienza a poner en boga cuando el sociólogo canadiense Marshall McLuhan, en su libro The Medium is the Message (El Medio es el Mensaje) en el año 1967 incorpora el concepto de “aldea global” o “tribu planetaria”, en sus análisis sobre los medios de comunicación, particularmente sobre la televisión (Chomsky: 2003, pág. 85).  

Con el concepto de “aldea global” McLuhan se refería muy claramente a los cambios que estaban ocurriendo en nuestros contextos geográficos debido al rápido avance de los medios de transporte, las nuevas tecnologías de la comunicación y la información, el sistema de mercado y los flujos financieros que estaban convirtiendo al mundo en una sola región, donde todo comenzaba a interrelacionarse y los individuos de cada una de las sociedades que conforman el planeta se conocerían los unos a los otros y se intercomunicarían de manera instantánea.

Es claro que ese término evocaba la unicidad del sistema y ponía en segundo plano las formas de poder y desigualdad ya existentes.   Con esta idea, la interrelación de todas las regiones del mundo crearía una gran red de dependencias mutuas, promoviendo “supuestamente” la solidaridad para lograr ideales comunes de la humanidad,  entre los que se encuentran la conservación amigable con el medio ambiente y el desarrollo de las economías locales.

No hay duda que el concepto utilizado por McLuhan es más carácter filosófico y utópico que real, ya que para muchos estudiosos, nuestros países están lejos de conformar una aldea global, más bien este concepto es excluyente porque no todos los individuos del planeta tienen el acceso a los medios ni a las ganancias que generan los procesos productivos que actualmente están en manos de las transnacionales de los países desarrollados.

El proceso de globalización no es nuevo, se ha dado siempre a lo largo de la historia. No somos sociedades aisladas. El reconocimiento internacional de los Estados ha creado interconexiones entre las sociedades. El concepto de globalización resalta la idea de interdependencia a nivel mundial y esto no es nuevo. La diferencia en la actualidad es que las transformaciones ocurren aceleradamente y en el pasado los cambios tomaban años, ahora esos cambios ocurren en meses por la inmediatez de las comunicaciones sin importar las distancias.

El fenómeno de la globalización, entendido este como la mundialización financiera movida por los avances tecnológicos y la apertura de los mercados capitalistas, comienza a darse en el siglo pasado, después de la Segunda Guerra Mundial. Se desarrolla en la década de los ochenta y alcanza su momento paradigmático en los años noventa. La base de este proceso es claramente tecnológica y se ha manifestado, principalmente en los últimos treinta años, por medio de una acelerada una revolución sin precedentes en las comunicaciones mundiales, aligerando el intercambio de información entre los pueblos de distintas latitudes.

Esta facilidad de intercambio ha comenzado a desvanecer las fronteras, permitiendo la propagación veloz e indiscriminada de rasgos culturales desde los países dominantes hacia el resto del mundo e insertando valores ajenos a las realidades particulares.  Esto quiere decir que la globalización implica que cada vez las culturas están siendo influidas por hechos que ocurren lejos del entorno en el cual nos desarrollamos debido a que nuestras sociedades están interrelacionadas.

Para las economías expansionistas globalizar significa tener un mercado que juegue un papel preponderante y con poco control del Estado. Para quienes abogan por una economía neoliberal, globalizar no significa integrar las políticas económicas, sociales y política de los países, tampoco significa humanizar.  Por el contrario, globalizar dentro de la perspectiva neoliberal, es lograr la desintegración de las economías nacionales para entrar en la arena de la competencia en un nuevo tipo de mercado mundial, provocando la deshumanización ya que las personas sólo son importantes para lograr el rendimiento para la producción.

Como bien lo dice Chomsky “la globalización es un resultado de la expansión del capitalismo y de su hegemonía por el mundo”. (Chomsky: 2002). Este proceso globalizador ha creado nuevos polos de poder y ha aumentado los desequilibrios económicos, sociales y políticos en el planeta, lo que ha provocado en algunas sociedades un alto impacto, sobre todos en aquellas que tienen economías débiles y donde existe una mala distribución de la riqueza. Las consecuencias son notables, basta ver a diario en los noticiarios el masivo desplazamiento de personas de países pobres a países que les brinden mejores condiciones y garantías sociales y trabajo para sobrevivir.

El avance acelerado de la tecnología y de los sistemas de información está cambiando las relaciones de producción, de estructuras de poder, las bases de la sociedad industrial y están generando una interdependencia creciente y desequilibrada.  

La globalización, como lo dice Quesada en su libro Globalización y Deshumanizacion:
 “es un itinerario, porque desde las guerras del opio (durante la primera parte del siglo XIX) hasta los grades conflictos con los narcotraficantes del presente, las aspiraciones fundamentales del capitalismo no han variado: encontrar y seducir, en donde quiera que esté, a ese consumidor soñado, acrítico, irracional y compulsivo hasta la médula.  La globalización no es sólo un asunto financiero o puramente económico, es también moral, y tiene mucha relación con los aspectos humanos de un cambio de estrategia de expansión del capitalismo que deja intactos los viejos elementos del imperialismo: obligar a consumir lo que se necesita” (Quesada: 1998, pág. 33).

Para algunos, principalmente para aquellos que están a favor de la globalización, el proceso es irreversible y ha avanzado vertiginosamente a lo largo y ancho del planeta.  Sin embargo, las globalización no ha tomado en cuenta las diferencias que existen entre cada uno de los países de la región tanto a nivel productivo como a nivel de estructuras sociales y económicas.  El proceso no ha logrado una integración mundial, ni mucho menos regional, por el contrario, ha generado mayores desigualdades y ha hecho que la pobreza aumente, tomando un matiz más deshumanizante y difícil de aniquilar.

Muchos países habían puesto su esperanza en la globalización como un medio para lograr el desarrollo el crecimiento económico que generara mayor igualdad y justicia social, aspectos necesarios para fortalecer las debilitadas democracias latinoamericanas.

Los efectos que ha causado la globalización en América Latina se han visto claramente identificados por la extracción intensiva y descontrolada de los recursos naturales por parte de las grandes empresas multinacionales que han destinado esos recursos al mercado mundial, sin que esto tenga un impacto en las economías de la región  debido a que no se reinvierten las ganancias obtenidas de esos recursos.  

Por otro lado, la situación social de los trabajadores cada vez se hace más difícil principalmente por los bajos salarios y la búsqueda de las compañías extranjeras en establecer sus centros de operaciones en países con economías debilitadas.  Los trabajadores deben laborar jornadas que superan las ocho horas, por lo que la globalización, para estos sectores laborales, constituye una forma de explotación de la población.

Tenemos una sociedad con socios desiguales a favor  de los países ricos y una de las desfavorables consecuencias es la conservación y la reproducción de la pobreza en el mundo.  Los países ricos son quienes establecen las reglas y los medios para hacerlas cumplir.

En los últimos años lo que se ha dado es una reestructuración internacional de los centros de poder haciendo que países ricos como los Estados Unidos, se interesara y tomara mayor consciencia de los mercados naturales más próximos a su entorno: los países latinoamericanos.

Es importante resaltar la tesis que sostiene Laura Mota en cuanto a que:

“América Latina entró al proceso de la globalización con una cantidad de rezagos acumulados durante varias décadas y que esto ha sido una de las principales limitantes para su incorporación al crecimiento y al desarrollo. Su irrupción en la globalización se dio al calor de la crisis internacional de la deuda, y de los subsecuentes programas de ajuste y cambio estructural característicos de la década de los ochenta; cuyos resultados desembocaron en dramáticos panoramas sociales, resumidos en un empobrecimiento masivo y una mayor concentración del ingreso y la riqueza que llevaron a cuestionar el aspecto de la calidad de vida de la población” (Mota: 2002, p.194)  

El proceso de globalización de la economía mundial definitivamente está asociado a varios fenómenos sociales tales como el crecimiento de la población, interculturalidad,  cambio en el concepto de nación, orientación de políticas hacia la búsqueda de un desarrollo sustentable y del mejoramiento del medio ambiente, agravamiento de la desigualdad, de la exclusión y de la pobreza.  

Estos fenómenos han tenido impacto en el papel del gobierno y los mercados ya que como lo manifiesta Stiglitz:
“sin regulación e intervención estatales apropiadas, los mercados no conducen a la eficiencia económica”. (Stiglitz: 2006: pág 21), ya que “ya éxito económico requiere lograr el equilibrio adecuado entre el Estado y el mercado (Stiglitz: 2006, pág. 22).

Todo esto provocó que por más de una década hubiera un profunda crisis económica que tuvo manifestaciones tácitas en los estratos sociales medios y bajos que se vieron sucumbidos por el aumento de la desigualdad, distribución de la riqueza lo que llevó a muchos sectores al empobrecimiento acelerado.  Esta consecuencia se generó  por una marcada reducción de costos de mano de obra por parte de las compañías transnacionales, contratos a corto plazo y reducción garantías sociales que favorecían a los trabajadores.

El problema de la pobreza y la exclusión ya es hoy en día una gran preocupación global.  En el caso latinoamericano, las economías están afrontando una gran deuda externa y los ingresos que obtiene de sus sistemas productivos para la exportación de mercancías y materias primas no son invertidos para los programas de ayuda social que se hacen tan necesarios en el interior de nuestras sociedades, por el contrario, las divisas obtenidas se utilizan para pagar los intereses de la deuda.

La globalización ha tenido ventajas muy específicas para los países que conforman el mundo y es, como ya se ha mencionado líneas arriba, en el área de la comunicación y la información, no obstante, existen regiones que no han logrado estos beneficios principalmente comunidades marginales de África y América Latina.

Se hace necesario y fundamental que se revisen y se redefinan las instituciones democráticas y darle un papel mayor al Estado para controlar la economía a favor del desarrollo y crecimiento de cada uno de los países de la región así como ampliar la cobertura en cuanto a tecnología y comunicación.  

Es imprescindible revisar el papel que juega la educación porque de acuerdo a las teorías antropológicas la educación es un vehículo de movilidad social y una fuente de equidad social que al día de hoy, por las desigualdades sociales, la pobreza y la falta de empleo son factores que detienen ese vehículo movilizador y de cambio y ponen en riegos los sistemas educativos públicos y los procesos democráticos en Latinoamérica.

América Latina sigue siendo la región más desigual y peor repartida del mundo. Jorge Rivero en su ponencia:
 “Las potencialidades y los límites de la educación para enfrentar la pobreza en América Latina nos manifiesta que “Latinoamérica es la región más desigual del mundo.  El 10%  más rico ha incrementado sus ingresos treinta veces más que los más pobres en la escala social latinoamericana, concentrando el 40% de los ingresos”  (Rivero: 2000, pág. 5).

El proceso de globalización de la economía mundial, sin duda,  está asociado a varios fenómenos sociales tales como el crecimiento de la población, interculturalidad, cambio en el concepto de nación, orientación de políticas hacia la búsqueda de un desarrollo sustentable y del mejoramiento del medio ambiente, agravamiento de la desigualdad, de la exclusión y de la pobreza.  Estos fenómenos han tenido impacto en la educación porque esta debe formar profesionales con capacidad crítica y de respuesta para enfrentar todos los retos que la globalización nos presenta.  

La globalización ofrece grandes oportunidades para alcanzar un desarrollo verdaderamente mundial, pero no está avanzado de manera uniforme porque está olvidando las necesidades propias para impulsar el desarrollo de cada país.

Comparto la tesis que plantea Stiglitz en cuanto a que:
 “la esperanza de la globalización es que eleve el nivel de vida de la gente de todo el mundo: que facilite el acceso de los países pobres a los mercados internacionales de modo que puedan vender sus productos, que permita captar inversiones  extranjeras para fabricar  nuevos productos a precios más baratos y que abra las fronteras  para que la gente pueda viajar al extranjero con el fin de formarse, trabajar y mandar a su hogar remesas con las que ayudan a sus familias y crear nuevas empresas” (Stiglitz: 2006, pág.28).

Pero como bien lo hemos analizado en nuestra discusiones en la clase de Globalización y pobreza, el proceso globalizador está provocando resultados desequilibrados en nuestros países.  Hace falta mejorar las condiciones de vida de nuestra gente, principalmente de aquellos que se encuentran marginados de la sociedad y que no han podido entrar en el mercado formal.

Actualmente entidades como el Banco Mundial han establecido el concepto de pobreza basados en una cifra monetaria.  Aquellos que viven con menos de dos dólares al día son definidos como pobres y los que viven como menos de un dólar se definen como los que viven en extrema pobreza.  Estas definiciones no consideran ni la edad ni el nivel de educación.

En el área de la educación, la globalización está planteando un gran desafío, sobre todo a los países que tienen menos recursos y acceso a la comunicación y sistemas de información.  Los sistemas educativos latinoamericanos deben profundizar su equipamiento virtual y mejorar los aspectos de conectividad para superar el analfabetismo electrónico, amplia el bilingüismo y fortalecer la educación pública que tan debilitada se encuentra.

América Latina, para salir de la pobreza necesita crear las condiciones necesarias para sus habitantes y  para lograr el desarrollo debe estimular el buen funcionamiento del sistema educativo como mecanismo para lograr mayor equidad en nuestros países.

La educación es un derecho humano, es un factor de crecimiento intelectual del hombre y el individuo que obtenga una educación de calidad se garantiza un empleo.  No obstante, en nuestros países, se ha experimentado un debilitamiento de la educación pública porque el estado ha perdido estabilidad y se ha visto obligado a recortar los gastos sociales lo que crea  sistemas escolares ineficientes, de baja calidad, pésimas condiciones de infraestructura, bajos salarios y pocas garantías tanto para los docentes como para el alumnado.

Los servicios educativos, como en el caso nuestro país, están pasando por un retroceso al “Estado de Bienestar” por medio de la privatización y descentralización de los servicios educativos. Se pasa del servicio educativo al clientelismo, donde el público es la clientela y las instituciones educativas son las proveedoras.

La globalización nos reta a que las instituciones de educación superior establezcan estrategias y perfiles de salidas de los graduados  que contribuyan a mejorar la calidad de vida de nuestros pueblos, por medio de la oferta institucional de una educación de calidad.  El reto mayor es contribuir de manera significativa a la construcción de una sociedad capaz de enfrentar los grandes problemas sociales que aquejan a nuestra región.  Si elevamos la calidad de la educación, podemos enfrentar la brecha tecnológica y económica a la que nos ha llevado el proceso globalizador.  

La educación superior debe fomentar la investigación científica para dar respuestas a las demandas internas de nuestras sociedades y esto requiere que el tema de elevar el nivel de la calidad de la educación sea parte fundamental de las agendas de los políticos y de las instituciones encargadas.

En conclusión, para muchos la globalización es entendida  como el logro de la “eficiencia económica” pero en América Latina esto no se ha logrado debido a la concentración de la riqueza en manos de uno pocos, el empobrecimiento, el desempleo, el subempleo y la condena de muchos de vivir en extrema pobreza y que son azotados por la desnutrición, haciéndolos crecer con menoscabadas facultades físicas e intelectuales, el poco acceso a la salud y a la educación aumentan la injusticia y la posibilidad de alcanzar un futuro digno.

Hasta la fecha no sabemos a ciencia cierta cuáles han sido los alcances de la globalización. Lo que si podemos ver es que la brecha entre los países pobres y ricos se hace cada vez más abismal.  

Cualquier proceso mundial va a afectar países pobres y a países ricos.  Debemos tomar ventaja y analizar qué aspectos de ese proceso pueden ayudar a los países latinoamericanos a salir de la gran desigualdad que vivimos.

Le corresponde a cada país, a cada centro educativo, sobre todo los de educación superior tomar la responsabilidad de aprovechar positivamente las oportunidades del proceso globalizador y de crear las estrategias necesarias para enfrentar los retos que están planteados.

Es un deber de nuestros gobiernos y de nuestras instituciones buscar altos estándares nacionales e internacionales para lograr una educación de calidad y con esto llevar a nuestros países en entornos más competitivos a nivel internacional.  Esto requiere de grandes esfuerzos y políticas saludables y sobre todo pensar con una visión futurista y de cara a los retos que las siguientes generaciones nos plantean.


Ronny García - Doctorado en Estudios Latinomericanos.




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